Talleres: presupuesto aceptado por SMS y ampliaciones con firma
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La discusión clásica de mostrador: «yo no autoricé esa reparación». La normativa de talleres y la de consumo dicen lo mismo desde hace décadas: sin presupuesto aceptado —o renuncia expresa— no hay reparación que facturar tranquilo. Y la aceptación verbal por teléfono vale exactamente lo que se puede probar de ella: nada.
El flujo que funciona
- El vehículo entra; el taller diagnostica y prepara el presupuesto.
- El cliente recibe un SMS con enlace al presupuesto completo — piezas, mano de obra, plazo — y lo firma desde el móvil introduciendo un código de un solo uso que le llega por SMS. Dos minutos, sin volver al taller.
- Aparece una avería nueva a mitad de reparación: se envía la ampliación por el mismo canal. Otra firma, otro expediente. La obra no se para esperando a que el cliente pase a firmar.
- Al entregar, el aviso de «vehículo listo» va por SMS normal o WhatsApp — eso ya no necesita certificado.
Qué queda probado
El expediente registra qué documento exacto se envió (su huella criptográfica), cuándo se entregó el SMS, cuándo se abrió, que se leyó el contenido y que se firmó con un código ligado al número del cliente. Es firma electrónica simple con expediente para sostenerla: no presume nada por sí sola (la presunción del art. 326.4 LEC es de los servicios cualificados, y este no lo es ni lo aparenta), pero impugnada se acredita con el expediente y pericial (art. 326.3 LEC) — y es admisible como prueba por el art. 43.1 del eIDAS.
Para una reclamación de 400 € por una culata, esa diferencia práctica decide el juicio de consumo.
Más allá de la reparación
- Recambios que el cliente aporta: descargo de responsabilidad firmado.
- Vehículo sin recoger: requerimiento certificado antes de aplicar depósito — como cualquier requerimiento de pago.
- Presupuesto rechazado: constancia de la comunicación del coste de diagnóstico, si lo cobras.
Sin integración: funciona desde el panel. Con tu programa de taller, por API. Precios publicados y modo prueba sin coste.
Objeciones de mostrador, respondidas
«Mi cliente mayor no sabe firmar con el móvil». Recibir un SMS y teclear un código de seis cifras en la pantalla que se abre: ese es todo el trámite. Y para quien de verdad no pueda, el papel sigue existiendo — esto añade una vía, no elimina la otra.
«¿Y si firma otra persona con su teléfono?» El expediente acredita que se firmó con el código enviado al número del cliente: la misma fuerza —y los mismos límites— que cuando el banco le manda un código para autorizar un pago. Quien comparte su código responde de lo que autoriza con él.
«Otro programa más». No: funciona desde el navegador, y si tu programa de taller puede llamar a una API, se integra donde ya trabajas — el presupuesto sale de tu sistema con sus datos y vuelve firmado con su expediente.
«¿Cuánto?» El SMS portador más un suplemento fijo por certificado, ambos publicados. Compáralo con una sola factura discutida al mes.